El Cineclub

El Cineclub

Gran cantidad de personas acostumbran reunirse un día a la semana en clubes de lectura, para discutir una obra literaria en particular. Es más, yo mismo he estado inscrito en uno donde publicábamos mensualmente una gaceta con cuentos de terror reales.

En fin, un amigo muy querido me invitó a un Cineclub que únicamente proyectaba películas de culto que estuvieran relacionadas con el género del miedo. Este tipo de cintas solamente son apreciadas por un reducido grupo de espectadores, ya sea porque pertenecen a un director en particular o bien por el estilo narrativo que manejan.

Debo confesar que acudir a la cita a regañadientes, pues detesto las salas pequeñas de proyección en donde la pantalla es demasiado pequeña. Llegué y por fortuna encontré un lugar ubicado justo en el centro.

Esperamos unos minutos hasta que llegó un tipo que traía entre sus manos lo que parecía ser una videocasetera Betamax, con lo que la cosa no pintaba muy bien en cuestión de imágenes de alta resolución.

La película comenzó y muchas cosas de la trama eran ciertamente previsibles, por ejemplo, la amenaza de unas criaturas que viven en las profundidades del mar, ya se ha utilizado en muchas otras producciones.

Súbitamente, estas bestias salieron a la superficie y empezaron a matar a la gente perforándoles los pulmones. Yo estaba inmerso en la historia, hasta que escuché que la persona que estaba detrás de mí emitió un ruido idéntico al de las víctimas que veíamos en televisión.

Voltee para ver qué sucedía y miré que en su espalda tenía dos agujeros en la zona donde van los pulmones.

– ¿De qué se trata? Creo que este tipo de bromas macabras están demás.

– No se trata de ninguna broma, este club brinda al visitante una experiencia de muerte. Las escenas que son transmitidas en esa videograbadora, se vuelven realidad.

Me levanté de mi asiento y mi amigo y yo huimos. No paramos de correr en un buen rato, hasta que nos aseguramos de que estábamos a salvo.

La mujer de blanco en la carretera

La mujer de blanco en la carreteraUna vez mi padre y yo íbamos de viaje a visitar a unos tíos en una ciudad cercana a la de nosotros.

Para matar el tiempo veníamos contando historias de sobre extraterrestres y fantasmas. A mí me aterraban las historias de miedo, pero me gustaba escucharlas, así que todo el camino iba muerto de miedo.

Durante el viaje nos llegó el anochecer, había algo de neblina por el camino por lo que mi padre empezó a bajar de velocidad e ir un poco más lento. El viaje se me iba a hacer eterno debido al miedo que sentía.

Cuando íbamos a mitad del viaje 100 metros delante de nosotros empecé a ver un resplandor blanco, pensé que era algún anuncio luminoso pero me equivoqué, al acercarnos aun más a ese resplandor mi padre y yo nos dimos cuenta que era una señora.

Una sensación de frio y miedo entró en nosotros al ver que esa silueta blanca era un fantasma, estaba flotando sobre la carretera y nos miraba fijamente a nosotros. Mi padre aceleró el carro lo mas que pudo, logramos pasarla y al ver por el retrovisor vimos que venía flotando detrás de nosotros. Nos persiguió alrededor de un kilómetro que para nosotros fueron como si fuéramos dado la vuelta al mundo.

Durante el trayecto mi padre y yo no cruzamos palabras, queríamos llegar a casa de mis tíos lo antes posibles para poder asimilar lo que nos había sucedido.

Al llegar a casa de mis tíos les platicamos lo sucedido y nos dijeron que es algo que pasa muy seguido a las personas que viajan de noche por esa carretera. Nos comentaron que esa mujer de blanco es una persona que perdió la vida en un accidente y que pasa las noches tratando de recuperar su alma.

El sacerdote cinéfilo

El sacerdote cinéfilo

Mi primo Carlos quien vivió cuatro años en la capital española, mientras estaba estudiando su maestría en administración de empresas, escuchó bastantes leyendas de Madrid cortas. Algunas eran de carácter urbano, otras versaban sobre terror etcétera.

No obstante, la que causó mayor impacto en él fue la del sacerdote que murió fuera de una sala de cine. Cabe mencionar que a mi pariente le apasiona todo lo relacionado con el séptimo arte. De hecho, a través de correo electrónico, demandaba fotografías de las entradas que iba coleccionando los martes y los jueves, que eran los días en que por lo menos veía una cinta.

Regresemos ahora al tema central de la historia, es decir, ¿cómo surge la leyenda del sacerdote? Se comenta que un joven cura, salía de su Iglesia al oficiar la última misa y se iba caminando a un cine que se hallaba dos cuadras más adelante.

En la actualidad, ese recinto ya no existe, dado que el terreno fue adquirido por una compañía constructora y posteriormente dicho espacio fue transformado en un edificio de departamentos.

De acuerdo con los registros de la policía madrileña, se sabe que a finales de la década de los 80, un párroco fue asaltado por unos pandilleros en ese lugar. Lo malo fue que al percatarse los malandrines de que el cura no llevaba ni una sola peseta encima, decidieron acribillarlo a balazos.

La escena del crimen era de lo más funesta. Había sangre regada por todo el lugar. Una persona se acercó al cadáver y lo cubrió con una sábana blanca.

Luego el cuerpo fue llevado a la morgue, más cuando procedían a realizarle la autopsia de rutina, notaron que la sotana estaba intacta. Es decir, los agujeros de bala habían desaparecido.

Este hecho sobrenatural les fue informado a los superiores del sacerdote, quienes prefirieron no continuar con la investigación. Hoy en día las personas continúan con la creencia de que dicha prenda, reposa en los cimientos de aquel complejo de apartamentos a modo de homenaje.