La carpa

La carpa

Las carpas eran teatros ambulantes en donde se presentaban artistas especializados en distintas artes. Había quienes se dedicaban puramente a la comedia, mientras otros a la danza o al canto.

Cierto día Cipriano se encontró frente a uno de estos lugares y la luna que colgaba entre los postes de la entrada central llamó su atención: “SE VENDE NEGOCIO CON TODO Y COMPAÑÍA ARTÍSTICA”.

De inmediato le pasó por la mente la idea de adquirirla, pues siempre le había gustado el ambiente de la farándula. Su mujer, que intuía lo que él se traía entre manos le comentó:

– Ni se te ocurra hacer una oferta por esto. Mira la luna, los decorados y hasta la gente que trabaja aquí. Se ve que ya vivieron épocas mejores y lo que queda son únicamente retazos.

– Eso lo dices solamente porque a ti no te atraen las candilejas, pero deja que yo me encargo de esto y nuestros bolsillos se van a hinchar de dinero. Replicó Cipriano.

– Piénselo bien, porque esta gente parece salida de varios cuentos de terror cortos, pero te daré el beneficio de la duda, ya que tu anterior inversión fue satisfactoria.

Cipriano buscó al dueño de la carpa y prontamente llegó a un acuerdo monetario.

El lunes siguiente, ya como patrón del negocio se percató de que ya eran las cuatro de la tarde y los artistas no habían salido de sus campers.

Golpeó la puerta del más grande de ellos y una mano que se salió a través de los gruesos cortinajes oscuros abrió la puerta.

– Ya casi es hora de la primera función y ninguno de ustedes se ha alistado. Dijo Cipriano al aire, pues no podía verle la cara a su interlocutor debido a la falta de luz.

– En una hora estaremos listos. Ahora salga de aquí y no nos moleste.

– Tú no puedes hablarme así, sal de ahí para que arreglemos nuestras diferencias de una buena vez, si no quieres que te corra.

– Estoy indispuesto. Lo siento.

Entonces Cipriano encendió la luz del camper y vio que estaba lleno de monstruos de todos tamaños, formas y colores. Su corazón no resistió tal impacto y cayó muerto al instante.

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